WASHINGTON, DC
Tuesday, April 15 - Wednesday, April 16 - Thursday, April 17
NEW YORK CITY
Friday, April 18 - Saturday, April 19 - Sunday, April 20

"Habemus Papam", “Tenemos Papa!” anunció el Cardenal.

El 19 de Abril de 2005, el Cardenal Joseph Ratzinger fue elegido como el Papa número 265. Eligió el nombre de Benedicto XVI, en honor de San Benedicto, fundador de monacato Occidental, y de Benedicto XV, quien ocupó la Sede de Pedro durante la Primera Guerra Mundial y fue un promotor ardiente de la paz.

En la elección de su nombre se evidenciaron señales de quién es este hombre extraordinario.

El Papa Benedicto XVI caminó hacia adelante, hacia el balcón que da a la Plaza de San Pedro llamándose a si mismo “….un simple y humilde trabajador del viñedo del Señor”. Hubo un aplauso multitudinario. La alegría no sólo colmó la Plaza sino también los millones de corazones alrededor de mundo que habían orado por este momento. Él continuó “…que el Señor pueda trabajar y actuar aún con medios insignificantes me consuela, y por sobre todo Me encomiendo a sus oraciones. En la alegría de Cristo resucitado, confiando en su ayuda permanente, avanzaremos.”

Luego comenzaron las preguntas. Todas ellas relacionadas con una pregunta en especial “¿Hacia dónde nos guiará?”

Los periódicos matutinos y los comentaristas de televisión fueron asediados con “declaraciones”. Estas declaraciones variaban desde los comentarios gozosos hasta quejas lastimosas, dependiendo, según el caso, del presentador o de las posiciones de los columnistas en los llamados “temas candentes” con los que parece estar obsesionada la cultura mediática dominante.

Sin embargo, al igual que su amado predecesor, el finado Siervo de Dios Papa Juan Pablo II, Benedicto XVI no ha se ha acercado en su ministerio a la Iglesia y al mundo de esa manera. De hecho, él se acerca al mundo de una forma completamente diferente. Su forma de relacionarse con el mundo es caminar como un peregrino a través del antiguo pero siempre nuevo camino del Evangelio de Jesucristo como ha sido vivido, amado, proclamado y enseñado por la Iglesia Católica por más de dos milenios. Él, al igual que su predecesor, el Siervo de Dios Papa Juan Pablo II, no puede rotularse con etiquetas gastadas con las que muchos lo quieren marcar constantemente. Él es simplemente un Cristiano Católico de fe.

Él es también “Santo Padre” para el rebaño de Jesús el Buen Pastor.

Debo admitir, que me llené de gozo, gratitud y profunda esperanza en el futuro cuando oí las noticias ese día. Recuerdo los eventos de esos días vívidamente. Estaba de visita en Richmond, Virginia con un presbítero amigo. Estábamos inmersos en una conversación intensa cuando otro amigo mío, un Obispo de la Iglesia Carismática Episcopal, una comunidad eclesial que no está en total comunión con la Iglesia Católica Romana, me llamó a mi teléfono celular “¿Has oído?” me preguntó, "Habemus Papam, ¡Tenemos Papa!” Proclamó, apenas pudiendo contener su emoción.

Quién se iba a imaginar que tres años después, mi amigo Obispo dejaría su ministerio como Pastor Protestante para seguir la irresistible invitación del Espíritu Santo y entrar en total comunión con la Iglesia Católica. Lo hizo con su amada esposa Sandra, el 12 de Noviembre de 2006 en la Iglesia Católica de San Benedicto en Richmond, Virginia. Ahora, Randy Sly trabaja como Jefe de Departamento de Catholic Online en Washington y hará el cubrimiento de esta histórica visita del Papa Benedicto XVI.

Ahora yo vivo y trabajo en la parroquia de mi amigo presbítero Padre James Kauffmann en Richmond, Virginia. Me trasladé para estar más cerca de Washington D.C. y así completar mi trabajo para obtener el PhD en Teología Moral en la Universidad Católica de América, uno de los sitios que el Papa Peregrino visitará en los E.U. Al igual que para muchos millones más, mi vida ha tenido un profundo cambio por su ministerio y por el ministerio de su amado predecesor, el Papa Juan Pablo II.

Volviendo a aquel día histórico, el Padre Kauffmann y yo encendimos inmediatamente la televisión, y, al igual que el mundo entero, fuimos testigos de la historia. Un día después, caí en cuenta cuán significante fue que un Cristiano, además de una comunidad Cristiana distinta, me hubiera llamado, a mi un Diácono Católico, y me dijera que “teníamos” Papa. Creo que esto era sólo el principio del movimiento del Espíritu Santo, bajo su pontificado, que es el inicio de la total comunión de toda la Iglesia Cristiana. El Papa Benedicto XVI ha seguido perfectamente la trayectoria trazada por su predecesor Juan Pablo II con la Iglesia Ortodoxa, aumentando la esperanza, promoviendo el diálogo que en un futuro cercano será el camino para una comunión total.

Lo ocurrido en las semanas en las que el Papa Juan Pablo II hizo su tránsito al Señor y el Papa Benedicto ocupó la Sede de Pedro, no fue menos que milagroso. Primero, los ojos del mundo entero se habían vuelto a Roma mientras el gigante, Juan Pablo el Grande, quien nos había enseñado a todos cómo vivir, nos enseñó cómo abrazar el sufrimiento con un amor desinteresado y ofrecerlo en unión a Jesucristo por el mundo. ¿Acaso olvidaremos su último gran mensaje, dado sin palabras, cuando se asomó a la ventana y no pudo hablar? Sí, todos nosotros sabíamos qué estaba diciendo. No eran necesarias las palabras. Estaba reducido a sólo amor. Su última bendición nos llenó de lágrimas. Luego nos mostró cómo recibir la muerte. Él demostró la verdad de la sentencia Cristiana de ver la muerte como una amiga, la puerta de entrada a la total comunión con el Dios eterno.


En un evento de magnitud histórica, a través de la utilización de “últimas tecnologías”, el Papa Juan Pablo II la abrazó y escribió acerca de ella meses antes de su partida, sus últimas palabras “a casa…la casa del Padre”, el mundo entero participó de los eventos que ocurrían en la Plaza de San Pedro. Allí, la Iglesia Católica Cristiana, con la belleza de su antigua pero siempre fresca alabanza, encomendó al Papa Juan Pablo II a Dios. Hicimos luto juntos, lo lloramos y sacamos fuerzas de la presencia amorosa de Dios que llenó aquellas preciosas horas con una gracia sobrenatural.

En esos momentos, parecía que el mundo se hubiera detenido. Luego de la partida del Papa Juan Pablo II, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger habló así: “Ninguno de nosotros podrá olvidar cómo en el último Domingo de Pascua de su vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, salió una vez más a la ventana del Palacio Apostólico y por última vez impartió su bendición “urbi et orbi” (para la Iglesia y el mundo). Podemos estar seguros que nuestro amado Papa está de pie hoy en la ventana de la casa del Padre, mirándonos y bendiciéndonos”.

Creo que uno de los frutos de esa bendición fue la elección de su amigo, confidente, gran teólogo y amado hermano, Cardenal Joseph Ratzinger para ocupar la Sede de Pedro. También creo que el Papa Benedicto XVI se ha convertido en el gran constructor, reconstruyendo la Iglesia para que ella pueda asumir el compromiso de la nueva era misionera del Tercer Milenio Cristiano. Los planes dados por el Divino Constructor, el Espíritu Santo, para la reconstrucción de la Iglesia y, a través de ella, para la renovación de la cultura humana, fueron esbozados por su amado amigo y benefactor, Juan Pablo II. Él dejó tras de sí el tesoro extraordinario de su trabajo en las encíclicas, exhortaciones, cartas y alocuciones.

Ahora, Benedicto el Constructor ha dado un paso más, suministrando algunos ladrillos y morteros, y continúa el trabajo. Como escribí anteriormente, Juan Pablo, al igual que el Salvador que seguía, vivió y murió como el “grano de trigo”. Una vez en tierra, hemos comenzado a ver el florecimiento de la “nueva primavera” que él proclamó, y la presenciamos bajo el liderazgo del Papa Benedicto. Si hay alguien que entienda los escritos y el trabajo del Papa Juan Pablo, ese es el Papa Benedicto XVI.

Cualquiera que haya estudiado teología en las últimas dos décadas (y me incluyo en este número), ha leído a Joseph Ratzinger y bebido de su munificencia. Él es uno de los más brillantes, insignes, y fecundos teólogos de esta era. Él conoce la carga que el Señor colocó en el corazón de su predecesor, el Papa Juan Pablo II, por la “Nueva Evangelización” que debe guiar a una reconstrucción masiva de cada infraestructura de la fe en la Iglesia Católica. Él entiende que los retos que la Iglesia enfrenta en su camino hacia el futuro inmediato, en este tercer Milenio Cristiano, son monumentales. Sin embargo, él es un teólogo del más alto orden y eclesiología, el estudio de la teología de la Iglesia, es una de las muchas áreas de su gran conocimiento. Es también un gigante viviente de la fe que cree que la fe debe ser vivida, al igual que proclamada, en todo el mundo.

Él comprende el legado del Papa Juan Pablo II y se mantiene completamente dentro de la Tradición, buscando en el pasado y futuro la auténtica renovación de la Iglesia. Él también sabe que únicamente la Iglesia Católica, verdaderamente renovada, puede influir en la transformación de la cultura contemporánea. Su predecesor dejó un legado simbolizado en frases cargadas de significado como “antropología adecuada”, “nuevo humanismo”, “nuevo feminismo”, “llamado universal a la santidad”, “verdadera y auténtica libertad”, la “Iglesia como comunión”, el llamado a toda la Iglesia Cristiana de seguir la oración de Jesús “Ut Unum Sint”, la “teología del Cuerpo”, “la teología de la donación”, los “dos pulmones” de la Iglesia, Oriente y Occidente, respirando juntos, el “nuevo adviento”, la “nueva primavera”…..y la lista continua.

Sin embargo, estas frases no resumen los temas del último Pontificado pero son el material con el cual el Papa, llamado Benedicto XVI, está ahora construyendo. Esto no debe ser una sorpresa, él ayudó a su predecesor a desarrollarlas y, en algunos casos, las expresó de forma escrita. Él ahora las usará como mortero y ladrillos en su misión de reconstruir la Iglesia para que ella pueda llevar adelante su misión en este Tercer Milenio Cristiano.

El Papa Benedicto XVI, al igual que el Papa Juan Pablo II, estuvo presente y participó en el Concilio Vaticano II. Él no sólo entiende las enseñanzas auténticas del Concilio sino que ha marcado una huella en su implementación en muchas áreas de la vida, tanto dentro de la Iglesia como en su misión hacia el mundo moderno. Él también entiende la forma en que el Concilio fue ignorado en algunos círculos, menospreciado en otros y malinterpretado en algunos hasta ahora.

Él es una voz para los ortodoxos dinámicos y para los católicos de fe, práctica, devoción y vida. Este Papa que bendecirá nuestra Nación con esta visita pastoral es un regalo de Dios. Él ha sido dado a la Iglesia de Jesucristo en el comienzo del Tercer Milenio, que es definitivamente una nueva era misionera. Ha sido escogido para llevar a cabo el plan del Espíritu Santo. Está liderando la Iglesia haciendo sus cimientos sólidos nuevamente. Con estas bases reforzadas y renovadas, la Iglesia hará lo que sólo ella puede hacer, y lo que siempre ha hecho, liderar un mundo que está esperando renacer como la presencia de Cristo Resucitado.

En su homilía anterior a la reunión del conclave, donde fue elegido para ocupar la Sede de Pedro, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger dio un vistazo profético hacia el interior de los retos de esta época:

“Cuántos vientos de doctrina hemos conocido en las décadas recientes, cuántas corrientes ideológicas, cuántas formas diferentes de pensar… El pequeño bote del pensamiento de muchos Cristianos ha sido arrojado contra estas olas – siendo halado de un extremo al otro: del Marxismo al liberalismo, mas aún al libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, y podríamos continuar. Cada día se crean nuevas sectas, lo que dijo San Pablo acerca que los engaños del ser humano se hacen realidad, con malicia que conduce engañosamente al error (cf Ef 4,14). Tener una fe clara, basada en el Credo de la Iglesia, usualmente se tilda de fundamentalismo. Mientras tanto, el relativismo, está dejando que cada uno sea zarandeado y “llevado por todo viento de doctrina”, parece ser la única actitud (aceptable) para los estándares de hoy. Nos estamos encaminando a una dictadura del relativismo que no reconoce nada como verdadero y que tiene como su más alto logro la exaltación del ego y los deseos personales”.

Algunos han intentado utilizar equivocadamente esta visión profética para tildarlo como un reaccionario de los tiempos modernos. Sin embargo, lo que él rechaza, y de forma vehemente, es la vaciedad de la modernidad y post-modernidad. Lo que él propone es un sendero diferente, no hacia el pasado, sino a un futuro de esperanza y auténtica libertad. Esta es la única verdad que puede hacer que esta senda nos lleve a un auténtico y libre florecimiento humano. Esta Verdad, solamente se puede encontrar en plenitud en Jesucristo que aún proclama, a través de Su Iglesia, que Él es “la Verdad, el Camino y la Vida”. Jesús le recuerda a cada persona de cada época, que podemos “conocer la verdad” y que “la verdad os hará libres”. En una era plagada de errores, encadenada y llevada a las tinieblas, en el Papa Benedicto XVI brilla la Luz del Mundo.

Benedicto se ha convertido en la boca del Salvador Resucitado y Su Vicario, para usar una expresión coloquial, adecuado “para este tiempo”.

Aquellos que han observado los primeros días de los Papas nos han dicho que observemos dos cosas en el comienzo de su servicio, el nombre que han elegido y el contenido de su primera homilía, para encontrar las “claves” de sus pontificados. La elección del nombre Benedicto, después del gran Abad y la gran voz por la paz, no fue una coincidencia. Uno de los jóvenes presbíteros, presente en los corredores durante los primeros días de su reciente Pontificado, dio cuenta que el Cardenal Joseph Ratzinger visitó el monte Subiaco antes que se desencadenaran los eventos en Roma. Allí rezó y se consagró nuevamente en el trabajo de la Iglesia para el futuro. Significativamente, un corto tiempo después sería llamado a ocupar la Sede de Pedro y tomaría el nombre de Benedicto.

San Benedicto nació alrededor del año 480 en Umbría, Italia. Es el padre del Monacato Occidental y es co-patrono de Europa (junto con los santos Cirilo y Metodio). Durante su juventud Benedicto viajó a la decadente y en declive Roma, para continuar sus estudios y dedicarle su vida enteramente a Dios. Él fue a Subiaco. La caverna que se convirtió en su hermita es ahora una Basílica llamada “Sacro Speco” (Santa Caverna), que es un hermoso santuario de peregrinaje. Benedicto vivió una vida de oración y soledad y rezó durante tres años y continuó sus estudios bajo la tutela de un monje llamado Romanus. Su santidad brilló sobre otros hombres, y en un corto periodo de tiempo, se fundaron doce pequeños monasterios. Luego viajó a Monte Casinno donde completó sus “Regla Monástica”. De esos monasterios Benedictinos, nació un completo movimiento monástico que lideró la evangelización de Europa, el nacimiento y el florecimiento de la academia, las artes y lo que más tarde se convertiría en la Cristiandad.

Una de las grandes esperanzas del Papa Juan Pablo II, fue el retorno de Europa a sus raíces cristianas. Su Santidad atraía a la juventud. Él dejó atrás una generación entera que muchos de los líderes de la Iglesia y aún los medios llaman “la Generación Juan Pablo II”. Muchos de los presbíteros jóvenes, religiosas y laicos a quienes hemos visto compartir su fe e historias en la televisión internacional, durante las semanas de la agonía de Juan Pablo y la elección de Benedicto a la Sede de Pedro, son fruto del maravilloso trabajo de Juan Pablo con la juventud. Él encabezó, durante su pontificado, muchos encuentros de la juventud en algunas de las ciudades más secularizadas del mundo. Grandes multitudes de jóvenes preferían escuchar su proclamación de la verdad intemporal del Evangelio y la invitación de Jesucristo a “Ven… y sígueme”.

No fue intencional que el Primer Encuentro de la Juventud, bajo el pontificado del Papa Benedicto XVI, se realizara en Colonia, Alemania, pues ya estaba programado desde tiempo atrás. El evento tuvo lugar en Agosto del 2005 y atrajo multitudes sin precedentes de jóvenes que aclamaban al Pontífice Alemán. Los chicos y chicas, llegados a Alemania, oyeron al primer Papa Alemán en mil años, Benedicto XVI. Él les hizo un llamado a la santidad y a una disciplina radical. Los exhortó a reevangelizar Europa y por supuesto al resto del mundo. Continuó en la misma línea, sin omisión alguna, de la proclamación inspiradora del mensaje Evangélico y lanzó igualmente el reto del llamado radical a la misión que su predecesor y amigo, el Papa Juan Pablo II, había proclamado. Y los jóvenes lo aceptaron en sus corazones. La muchedumbre, contraria a algunas predicciones, no ha disminuido bajo el Papado de Benedicto XVI. Más aún, se ha incrementado. Su próxima visita, para la evangelización de una nueva generación de jóvenes misioneros católicos, es Australia.

Benedicto el constructor, entendió que la tarea que le había sido encomendada es enseñar a la próxima generación y prepararla a la misión que la Iglesia tiene para este Tercer Milenio. Él, de manera apasionada, se ha dedicado a esta tarea.

Finalmente, cito su primera homilía como Papa. En retrospectiva, da más claves de lo que ocurrirá durante su maravilloso Pontificado: “Queridísimos, este agradecimiento íntimo por un don de la misericordia divina prevalece en mi corazón a pesar de todo. Y considero este hecho una gracia especial que me ha concedido mi venerado predecesor Juan Pablo II. Me parece sentir su mano fuerte que estrecha la mía, me parece ver sus ojos sonrientes y escuchar sus palabras, dirigidas, en este momento, particularmente a mí: "¡No tengas miedo!".

En esa hermosa homilía, afirmó que el Papa Juan Pablo II le pidió y recomendó continuar su implementación en continuidad con la Tradición. Él enfatizó el trabajo de un ecumenismo auténtico proclamando: Plenamente consciente, por tanto, al inicio de su ministerio en la Iglesia de Roma que Pedro ha regado con su sangre, su actual sucesor asume como compromiso prioritario trabajar sin ahorrar energías en la reconstitución de la unidad plena y visible de todos los seguidores de Cristo. Esta es su ambición, este es su acuciante deber. Es consciente de que para ello no bastan las manifestaciones de buenos sentimientos. Son precisos gestos concretos que entren en los ánimos y remuevan las conciencias, llevando a cada uno a aquella conversión interior que es el presupuesto de todo progreso en el camino del ecumenismo.

El diálogo teológico es necesario. También es indispensable profundizar en las motivaciones históricas de decisiones tomadas en el pasado. Pero lo que más urge es aquella "purificación de la memoria", tantas veces evocada por Juan Pablo II, que únicamente puede preparar los ánimos a acoger la plena verdad de Cristo. Cada uno debe presentarse ante Dios, Juez supremo de todo ser vivo, consciente del deber de rendirle cuentas un día de lo que ha hecho o no ha hecho por el gran bien de la unidad plena y visible de todos sus discípulos.

El actual Sucesor de Pedro se deja interpelar en primera persona por esta pregunta y está dispuesto a hacer todo lo posible para promover la fundamental causa del ecumenismo. Siguiendo a sus predecesores, está plenamente determinado a cultivar todas las iniciativas que puedan ser oportunas para promover los contactos y el entendimiento con los representantes de las diversas iglesias y comunidades eclesiales. A ellos, envía también en esta ocasión, el saludo más cordial en Cristo, único Señor de todos.

Vuelvo con la memoria en este momento a la inolvidable experiencia que hemos vivido todos con ocasión de la muerte y del funeral por el llorado Juan Pablo II. Junto a sus restos mortales, colocados en la tierra, se recogieron los jefes de las naciones, personas de todas las clases sociales, y especialmente jóvenes, en un inolvidable abrazo de afecto y admiración. El mundo entero clavó su mirada en él con confianza. A muchos les pareció que aquella intensa participación, amplificada hasta los confines del planeta por los medios de comunicación social, fuese como una petición común de ayuda dirigida al Papa por parte de la humanidad, que turbada por incertidumbres y temores, se interroga sobre su futuro.

La Iglesia de hoy debe reavivar en sí misma la conciencia de la tarea de volver a proponer al mundo la voz de Aquel que ha dicho: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Al emprender su ministerio, el nuevo Papa sabe que su deber es hacer que resplandezca ante los hombres y mujeres de hoy la luz de Cristo: no la propia luz, sino la de Cristo.
El ministerio del Papa Benedicto XVI ha sido el de un constructor, trabajando en continuidad con los 2.000 años de enseñanza de la Iglesia Católica, asegurándose que el mensaje, ese gran tesoro heredado de su predecesor, sea comprendido, y que el entendimiento apropiado del Concilio Vaticano II se haga realidad. También ha sorprendido a muchos, particularmente en el área del ecumenismo. Creo que está guiando a la Iglesia a un Milenio Católico. A pesar que algunas veces el panorama se ve oscuro creo, hoy más que antes cuando oí aquellas palabras de “Habemus Papam”, que veremos el florecimiento que su predecesor, nuestro amado Papa Juan Pablo, anticipó proféticamente.

También creo que estamos siendo testigos de los comienzos de una total comunión de la Iglesia, Oriental y Occidental, que como los “dos pulmones” del Cuerpo de Cristo, empiecen a respirar juntos para reanimar esta nueva era misionera. Estamos comenzando a ser testigos de la recuperación de la academia Católica a través de la reconstrucción de algunas de las instituciones que estaban casi perdidas por la Iglesia y la construcción de nuevas. Estamos viendo el florecimiento de un trabajo teológico y filosófico bueno y sólido unido al renacimiento de las artes y la cultura humana, liderado por la Iglesia, como fue en épocas pasadas. Él, como su nombre elegido, está ayudando a restablecer nuevamente la influencia Cristiana en Europa y más allá.

El reto de esta misión constructora no ha sido fácil. Y, probablemente, tendrá más dificultades. Es verdadero el antiguo adagio que dice: Siempre parece más oscuro antes del amanecer. Aquellos que querían tratar de cambiar las enseñanzas y doctrinas de la Iglesia están profundamente molestos. Sin embargo, para todos nosotros que estamos hambrientos de una Iglesia Católica ortodoxa, dinámica, llena de fe, vibrante, fuente de toda verdad, de Dios que es la Verdad, nuevamente se vuelve realidad Su promesa hecha a Pedro: “sobre esta roca edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella”.

La obra de este Papa Constructor hasta ahora está comenzando.

Sus primeras dos cartas encíclicas, “Dios es Amor” (Deus Caritas Est) y “Salvados por la Esperanza” (Spe Salvi), muestran la visión de unidad de vida que cimenta la enseñanza social de la Iglesia. En la primera, una enseñanza profundamente teológica y espiritual del amor, utiliza la segunda parte de la Carta para dar luces sobre las exigencias e implicaciones de la caridad social como fruto integral de esta virtud teologal. En la segunda, una reflexión sobre la esperanza Bíblica subraya, de igual forma, expresiones sociales. El mensaje es claro, la vida a la luz del Evangelio tiene implicaciones sociales. El trabajo continuo de la Redención, realizado en Jesucristo, ahora lo completa su Cuerpo, la Iglesia, y la intención es lograr la transformación del mundo.

Algunas fuentes indican que él ha completado y pronto publicará su tercera Encíclica. Será específicamente una encíclica social, una reflexión en el aniversario 40 de la Encíclica “El Desarrollo de los Pueblos” (Populorum Progressio) del Papa Pablo VI. El Papa Benedicto es un escolástico y entiende la importancia de la enseñanza de Jesús de una forma muy cuidadosa, propia solamente del “teólogo en jefe” de la Iglesia. No es casualidad que la publicación de su tercera Encíclica coincida con el aniversario 40 de la Populorum Progressio. Algunos reportes indican que el Papa Benedicto dedicará su tercera Encíclica a la “fe”, la tercera de las virtudes teologales. Tal vez, lo mismo que hizo con “amor” y “esperanza”, las otras dos virtudes teologales, él, de manera maravillosa, mostrará cómo la fe debe expresarse en su dimensión social. Pronto lo sabremos.

Las fuentes también indican que autorizará una revisión del Compendium y que se publicará después de la Encíclica. A través del Compendium expondrá de una bella forma la conexión entre la fe viva y una auténtica preocupación social. El mensaje es simple, los cristianos están llamados a vivir enteramente sus vidas, en el plano personal, familiar, social, cultural, económico y político a la luz de la fe, de la manera que el Compendium cita “…un humanismo integral y solidario…”

La intención de la Enseñanza Social de la Iglesia Católica, es informar e influenciar la vida social, económica, política y cultural, en primer lugar a través del trabajo de los laicos que no solamente saben sino que se han comprometido a vivir a la luz de esta enseñanza, haciéndola fundamento de su trabajo en servicio de la sociedad y de un bienestar común. Esta enseñanza se llama “Social” porque habla de la sociedad humana y de la formación, rol y ubicación de las instituciones sociales. Revela los principios y verdades que están al alcance y deben conocer todos los hombres y mujeres – porque están revelados en la Ley Natural. Estas verdades y principios también están confirmadas por - y explícitamente manifestados en - la Revelación.

Más aún, este cuerpo de enseñanza no es “religioso” simplemente, en el sentido que no está pensado para personas religiosas exclusivamente. Ofrece pinceladas de tremendo valor para todos los hombres y mujeres – y las ofrece para cada nación. La Introducción del Compendium está dirigida a todos los hombres y mujeres con estas palabras: “Para las personas de nuestro tiempo, nuestros compañeros de viaje, la Iglesia también ofrece su doctrina social. De hecho, cuando la Iglesia ‘cumple’ con su misión de proclamar el Evangelio, lleva el testimonio a los hombres, en el nombre de Cristo, de su dignidad y vocación hacia la unidad de los hombres”. La razón de la enseñanza social es servir al bien común. Esta es otra área de gran preocupación de este Papa constructor. Es consciente de la separación entre la fe profesada por muchos católicos y la forma en que conducen su vida en el ámbito público. Evidentemente, tiene el “palustre” en su mano y está listo para reconstruir el armazón completo y reafirmar la enseñanza social católica.

Al mismo tiempo que el Papa Benedicto bendice a nuestra Nación con su visita, debemos unirnos en una oración ferviente por su salud, protección y asistencia continua del Espíritu Santo mientras cumple su misión. También debemos solidarizarnos con él, tomar nuestro lugar en la Misión de la reconstrucción de la Iglesia. Finalmente, debemos adherirnos completamente a las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia Católica y redoblar nuestros esfuerzos para vivir esas enseñanzas en cada aspecto de nuestra vida, volviéndonos misioneros en esta nueva era misionera.

Benedicto el Constructor viene a América. “¡No tengáis miedo!”

---


Pope Francis: end world hunger through 'Prayer and Action'


© 2014 - Distributed by THE NEWS CONSORTIUM

Pope Francis Prayer Intentions for October 2014
Peace:
That the Lord may grant peace to those parts of the world most battered by war and violence.
World Mission Day: That World Mission Day may rekindle in every believer zeal for carrying the Gospel into all the world.

Keywords:



NEWSLETTERS »

E-mail Address:    Gender:    Zip Code: (ex. 90001)

Today's Headlines
Sign up for a roundup of the day's top stories. 5 days / week. See Sample

Rate This Article

Very Helpful Somewhat Helpful Not Helpful at All

Yes, I am Interested No, I am not Interested

Rate Article

0 Comments

Leave a Comment

Comments submitted must be civil, remain on-topic and not violate any laws including copyright. We reserve the right to delete any comments which are abusive, inappropriate or not constructive to the discussion.

Though we invite robust discussion, we reserve the right to not publish any comment which denigrates the human person, undermines marriage and the family, or advocates for positions which openly oppose the teaching of the Catholic Church.

This is a supervised forum and the Editors of Catholic Online retain the right to direct it.

We also reserve the right to block any commenter for repeated violations. Your email address is required to post, but it will not be published on the site.

We ask that you NOT post your comment more than once. Catholic Online is growing and our ability to review all comments sometimes results in a delay in their publication.

Send me important information from Catholic Online and it's partners. See Sample

Post Comment

Support our Sponsors

Place Your Ad Here!